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Arancha Martínez: “Para que haya una verdadera innovación tecnológica en el sector social hace falta un cambio sistémico y cultural”

Con formación en empresariales y relaciones internacionales, y experiencia profesional en marketing estratégico y en finanzas en París y Dublín, Arancha Martínez pronto decidió aprovechar esas competencias organizacionales para aplicarlas al sector social. Y así lo hizo: ha fundado tWillBe.org y Comgo.io y ha aportado  una nueva visión al Tercer Sector, buscando las vías para introducir la tecnología y apostando por la medición y la gestión del impacto como herramientas para revolucionar la forma de trabajar las entidades sociales.

La entrevista original se hizo para Ship2B. La recupero aquí con las preguntas que se quedaron fuera de ese post.

Estudiaste Empresariales y empezaste tu carrera profesional entre el marketing y las finanzas. Pero pronto diste el salto al sector social. ¿Siempre tuviste claro que querías contribuir a cambiar el mundo?

No exactamente. Siempre me había atraído el mundo de la cooperación, siempre había tenido ganas de hacer algún voluntariado fuera de España, pero también es verdad que yo era súper feliz en mi trabajo. Trabajaba en banca de inversiones en Dublín y la realidad es que lo que sucedió es que tuve unos meses de parón porque me hicieron una oferta en Londres y en esos seis meses, hasta que me reincorporara al nuevo puesto, me dije pues me voy a coger estos meses como una oportunidad para hacer algo que siempre he querido hacer, que es ese voluntariado. Y fue llegar a India, encontrarme con lo que me encontré, y ahí fue cuando hice el click y me dije que podía aportar muchísimo más en ese sector y ahí fue cuando realmente hice ese giro en mi vida.

¿Cómo recuerdas tu primer viaje como cooperante a la India?

Recuerdo un montón de sentimientos. Por un lado, tienes esas sensaciones de frustración y de dolor al ver la pobreza más absoluta y, por el otro, también de felicidad porque aprendes los verdaderos significados de resiliencia y de solidaridad. Y, sobre todo, recuerdo la impotencia. Mi primer voluntariado fue en una casa de acogida con 10 niñas, y de repente salías a la calle y te encontrabas con el doble de niños en esa situación. Te preguntabas qué sentido tiene lo que estoy haciendo, si esto solo tiene un poquito de impacto en unas pocas niñas, pero hay millones de niños en esa situación. Yo recuerdo esa impotencia, que probablemente fue lo que luego generó ese cambio en mi vida. Decir aquí hay que hacer algo, no vale un voluntariado de seis meses, hace falta realmente pensar en cómo solucionar esto de una manera mucho más global e ir a la raíz del problema.

En 2008 fundas Itwillbe. ¿Era este tu primer proyecto social? ¿Cuál es el objetivo de Itwillbe?

Sí, este fue mi primer proyecto. Itwillbe, que en 2008 cuando lo fundé no se llamaba así todavía, pero que ya era la misma organización. Lo fundo principalmente porque, en el momento que decido quedarme a vivir en India, empiezo a recibir muchas ayudas de amigos y familiares, que lógicamente ven en ti una persona que está muy cerca de la realidad y que puede tener un impacto importante con esas donaciones. Y  hay que organizarlo, hay que profesionalizarlo porque no puedes llevarte las donaciones en tu bolsillo. La primera reacción es formalizar, legalizar una organización pera poder contribuir de manera profesional en lo que estaba haciendo, que básicamente era colaborar con otras entidades. Pero yo no fundé la organización para hacer una ONG más con mi forma de ver las cosas, sino yo lo que identifiqué es que era un sector, en ese momento bastante atomizado, que lo que necesitaban muchas veces eran recursos, herramientas, formación… profesionalizarse, en cierta medida. Así que lo que identifiqué que podíamos aportar nosotros eran esos recursos, procesos y herramientas que permitiesen a estas entidades y estas personas hacer mucho mejor su trabajo y tener mayor impacto. Con mi formación previa y mi experiencia en multinacionales, vi la oportunidad de cubrir esos agujeros para que entidades que ya existían y que ya están haciendo un trabajo muy bueno, pudiesen mejorarlo e incrementar su impacto.

Hablabas de la atomización del sector y de que poco a poco va mejorando. Pero, ¿se colabora suficiente entre ONGs?

Cuando nació nuestra organización en 2008 creo que no. En ese momento yo veía bastante más atomizado el sector. Pero creo que ha dado un cambio muy importante, creo que hay agentes en el ecosistema que han promovido en los últimos años enormemente la colaboración, muchos programas que están poniendo en común proyectos de entidades sociales para colaborar más, o que están fomentando la colaboración con el sector privado, principalmente, aunque también público. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero las tecnologías han ayudado muchísimo, digitalizarnos está promoviendo que realmente nos podamos encontrar, porque al final si no te encuentras es difícil que colabores, y es cierto que son sectores complicados para encontrarse, porque al final tienes entidades muy pequeñas, con un nicho muy definido, haciendo un trabajo de muchísima calidad con pocos beneficiarios. Ahora es cuestión de poner las herramientas al servicio del sector para que pueda realmente colaborar, ser más eficiente y generar ese impacto que todos buscamos.

¿Qué dificultades tiene iniciar un proyecto social como este?

En el caso de Itwillbe somos una ONG de cooperación y, en el momento en el que nos registramos, la primera dificultad que encontré es que no tenía, a los 24 años, 30.000 euros para crear una Fundación. Entonces me decidí por la forma jurídica asociación, que como había visto es lo que muchas entidades y ONGs hacemos, y durante dos años no puedes ser de utilidad pública y, por tanto, no puedes ofrecer desgravaciones a los donantes. Esto hace más difícil conseguir la financiación para tu proyecto. Una vez que sobrevivimos a esos dos años y empezamos a tener, para empezar, más experiencia y, además, pudimos ya ofrecer esa desgravación a los donantes, fue cuando empezamos a poder optar a financiación pública y privada que nos dio un empujón importante.

A pesar de poder acceder a esa financiación, no debe ser fácil conseguirla. ¿Hay mucha competencia en este sentido?

Esa es otra dificultad, la de encontrar tu hueco, una oportunidad en el sector que solo tu organización pueda cubrir. Porque al final sí, por supuesto que la colaboración es fundamental, a ninguna ONG, y esto lo digo de corazón, le gusta competir con otra porque somos súper conscientes que la que tienes al lado es igual de necesaria porque está luchando por lo mismo que tú, con lo cual es duro encontrar ese hueco sin robar cuota a la ONG de enfrente. Ahí nosotros nos encontramos cómodos en el momento en el que entendimos nuestro rol. De hecho, nuestros proyectos nunca los hacemos solos, siempre en colaboración con otras entidades, y por lo que luchamos es precisamente por encontrar esas herramientas que ayuden a todas las ONGs a tener más impacto.

También creáis PPa (People’s Protection App), un sistema de reconocimiento y seguimiento de colectivos vulnerables no documentados. ¿Ya se ha empezado a utilizar? ¿Qué resultados está teniendo?

PPa es una solución biométrica para identificar con fiabilidad y gestionar con eficiencia los datos de colectivos que no tienen documentación, que no tienen manera de probar su identidad. Yo llevo muchísimos años vinculada a proyectos con niños en situación de calle porque es, personalmente, lo que más sensibilizó en los años que viví en India. En 2013 conocí una red que se llama ChildMISS, que reúne a más 80 ONGs que trabajan juntas para poder solucionar la problemática de los niños en situación de calle: se desplazan continuamente de una ciudad a otra, es muy difícil gestionar las intervenciones eficientes, no sabes si el niño es este o el otro, mienten mucho, sienten miedo… Ellos ya habían a recoger datos, pero de una manera muy caótica, un Excel donde iban apuntando desde un lado o desde el otro los datos de los menores.

Trabajar en un Excel compartido en un país como Índia no debe ser fácil…

Cuando empezamos a colaborar con este proyecto, en 2015 seria, analizamos la situación de las herramientas que utilizaban y nos dimos cuenta de que había tres problemas principales por los que el proyecto no estaba teniendo el impacto que nosotros queríamos ver: uno, que los niños no tienen ningún tipo de documentación de identidad y, si lo juntas con que ellos mienten por miedo o que en India hay muchísimos idiomas, cuando se registraba un niño no siempre se escribía bien el nombre, por lo que existían muchas duplicidades. Por otro lado, los niños están en la calle y los trabajadores sociales en una oficina, con lo cual, la portabilidad de esa información era el segundo reto. Y el tercero que nos encontramos, es que cuando fuimos a buscar una solución en el mercado para poder dotar al proyecto de esa herramienta que no teníamos, no existía y, lo que existía no estaba pensado para este sector.

Ante esto os decidisteis a desarrollar vosotros mismos la tecnología…

No era nuestro objetivo inicial, porque no somos una empresa tecnológica, pero tenía mucho sentido: estamos hablando que casi un 20% de la población no tiene documento de identidad y que ni Naciones Unidas tiene una herramienta para identificar a estas personas. Tardamos dos años en desarrollar esta tecnología y la pilotamos durante 18 meses de la mano de Don Bosco, y los resultados fueron muy interesantes. Ahora estamos en el proceso de escalar a la red en India, porque el piloto no se hizo en toda la red, ya que no podíamos ni queríamos hacer un hardware tan importante y costoso si luego no iba a funcionar. Y ahora ya sí, ya estamos dotando de hardware a los 80 centros. Y en África, tanto en Senegal como en Sierra Leona hemos empezado de la mano de dos ONGs y empezamos a final de año tener ya algunos resultados también en estos países.

Este trabajo te llevó a recibir, entre otros, el Premio Princesa de Girona. ¿Qué supone para ti y para el equipo conseguir un premio como ese?

La verdad es que fue un antes y un después. Es uno de esos premios que tienes un cariño enorme porque es un reconocimiento no tanto al proyecto, sino a una trayectoria profesional, en este caso la mía. Ese reconocimiento a ese compromiso con un problema tan importante como acabar con la pobreza, ha reforzado mi posicionamiento, el posicionamiento de todo nuestro trabajo en el sector, nos ha dotado de mucha credibilidad, ha ayudado a generar más comunidad, más personas que ahora creen en lo que hago, que me apoyan. Y, lógicamente, eso repercute en la organización, que pueda contar con más apoyos, sobre todo institucionales.

Otro proyecto en el que te has involucrado es Comgo.io  (The Common Good Chain Corp) que aplica la tecnología blockchain a las donaciones. ¿Qué buscáis con este proyecto?

El objetivo de la plataforma Comgo es alinear las necesidades y la oferta, ordenar e intentar buscar la eficiencia en el sector social, de tal manera que las entidades, digitalmente, se encuentren con otras entidades que están haciendo lo mismo y con los donantes. Pero también que esas empresas o individuos que quieren dotar de fondos proyectos sociales lo puedan hacer en un entorno de total confianza, donde la tecnología permita a los donantes saber qué está sucediendo en todo momento con ese dinero. Esto ayuda a que pequeñas y medianas entidades, que normalmente tienen dificultad para acceder a financiación -porque no tienen una reputación como las grandes, porque no tienen la misma experiencia y trayectoria-, puedan optar a ella, porque en el momento en el que tu visibilizas como trabajas y en qué utilizas los recursos, puedes incrementar enormemente la confianza. Creo que esta tecnología es enormemente útil para alinear necesidades y para que los recursos se pongan en aquellos proyectos o actividades realmente vinculadas al impacto que quieres conseguir como empresa o como individuo, que pongan en el centro el proyecto y la causa más allá de las marcas.

En todos tus proyectos, destacas la importancia de la innovación tecnológica para transformar el sector social. ¿Qué falta para que los inversores/donantes entiendan esa importancia?

Desde mi punto de vista, lo que hace falta para que realmente haya una innovación tecnológica en el sector es un cambio sistémico y cultural. Creo que el donante sigue queriendo un impacto muy tangible y muy cortoplacista. Aunque parezca que hemos avanzado, hemos avanzado muy poco. De hecho, ahora en la crisis lo estamos viendo, ahora mismo prácticamente todos los donantes grandes, incluso muy grandes, están volcados en los respiradores, que está muy bien, hacen falta respiradores, pero mi sensación es que para cuando muchos respiradores lleguen ya no van a hacer falta. Van a hacer falta otras cosas. Y muy pocos están anticipándose a los problemas que vamos a tener, que van a ser enormes. Estamos en el muy corto plazo y muy en lo tangible. Por otro lado, también creo que nuestro sector no entiende, como por ejemplo en la ciencia donde invertir en investigación no se ve como tirar el dinero a la basura, al contrario, sabemos que incluso si la investigación falla, hemos avanzado, hemos progresado porque ya sabemos por donde no hay que ir. Pero en nuestro sector no. Y si inviertes en una tecnología, que quizás tiene un impacto y quizás no, ¿y si no lo tiene? Pues hemos progresado, porque sabemos que por ahí no hay que ir, pero en nuestro sector eso no se entiende, eso sería un fracaso absoluto.

¿Cómo estáis afrontando esta crisis en los diferentes proyectos?

En nuestro caso, somos una entidad que nos hemos dirigido principalmente a la cooperación y en el momento en que la crisis la estamos viviendo en primera persona en España, el riesgo que vemos es que el donante español no se sensibilice tanto con los problemas de fuera teniendo aquí nuestro problema. En ese sentido pues si que vemos un riesgo en los proyectos más tradicionales de cooperación. Sin embargo, yo creo que, como cualquier crisis, también es una oportunidad, porque las crisis te hacen sacar la mayor creatividad que tienes dentro y mejorar, porque vas a tener que mejorar si quieres sobrevivir. Y ahí, en esa oportunidad, estamos encontrando que realmente nuestros emprendimientos sociales tienen mucho sentido, y también el haber trabajado con varios proyectos en los últimos años, nos permiten llegar y afrontar ahora mismo la crisis con más herramientas, primero para sobrevivir como entidad porque somos súper conscientes que no se trata de sobrevivir por sobrevivir, es que realmente tenemos una misión que sabemos que tenemos que cumplir y que va a ser más necesaria que nunca. Al final, nuestro objetivo es acabar con la pobreza y esta crisis lo único que hace es poner a más personas en situación de pobreza, con lo cual tenemos que saber sobrevivir porque la sociedad necesita entidades como ItWillBe el día de mañana.

¿Crees que esto supondrá un cambio en la manera de trabajar o de organizarse de las entidades sociales?

Efectivamente la crisis va a cambiarlo todo y el sector social más. Va a haber más pobreza que nunca y la necesidad de nuestro sector va a ser más importante que nunca. Pero, al mismo tiempo, va a haber muchos menos recursos, con lo cual vamos a tener que hacer un ejercicio de digitalización, de eficiencia y de organización exprés. Lo que también va a suceder en los próximos meses va a ser fundamental que le demos una vuelta a nivel sector, es mejorar la gestión y la medición de impacto, precisamente trabajar de manera mucho más eficaz y conseguir resolver los retos sociales más importantes que se van a presentar lo más rápido posible. Creo que llevamos muchos años haciendo, haciendo y haciendo, y está muy bien y, probablemente, mucho de lo que hemos hecho tiene un impacto enorme, pero para realmente ser más eficientes necesitamos medir y saber y verificar con datos que realmente lo que estamos haciendo está teniendo ese impacto.

Y para ti, ¿cuáles son tus retos de futuro?

Personalmente quiero y espero poder seguir estando ahí donde el sector tiene esas brechas, esos agujeros por cubrir, intentar ser capaz de seguir viéndolo y anticiparme para poder ayudar al sector con ello. Ahora mismo veo que hay una gran oportunidad para los proyectos tecnológicos que venimos trabajando en los últimos años, como puede ser el proyecto de biometría para visibilizar a los colectivos más vulnerables, o el proyecto Comgo, que creo que también en España ahora mismo puede mejorar muchísimo el impacto a nivel de sector. Así que me veo ahora con esos dos retos por delante, que ya de por si son enormes. Pero a la vez creo que también hay algo que es muy vocacional y es la sensibilización sobre los problemas sociales no solo aquí, sino a nivel global y creo que la labor de comunicación, de sensibilización, es fundamental, y eso me gustaría que mi día a día me permita seguir haciendo. Creo que, más que nunca, hay que abrir los ojos y el corazón a la ciudadanía porque no nos podemos encerrar en los problemas que nos vienen ahora de sopetón en España, que son muy importantes y, por supuesto, hay que afrontarlos, pero que el mundo es muy grande, que somos parte de ese mundo y que hay que seguir poniendo la mirada también en lo de lejos.

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