Hoy podría haber sido un día gris

Hoy podría haber sido un día gris. El sol practicamente no ha salido, el cielo estaba cubierto de nubes que anunciaban lluvia, han caído cuatro gotas que han dejado todo mojado y hacía mucho frío. Pero en cambio, ha sido un dia maravilloso. De esos en los que no sabes por qué pero te apetece sonreir. 

Me levanté tarde para todo lo que pretendía hacer pero conseguí acabar lo esencial antes de salir de casa. Cogí el metro y vi a mucha gente “preparando” los días que se avecinan. Después me subí a un ferrocarril, uno de esos que en otra época formaba parte diaria de mi vida. Una etapa que no pude evitar recordar con una sonrisa tonta en los labios. El tren iba lleno de estudiantes de la Autónoma que, como yo en otros tiempos, se amontonaban para poder llegar a clase y compartir con los compañeros esos momentos que no te das cuenta de lo importantes que son hasta mucho tiempo después. Sí, creo que añoro algo de todo aquello, a pesar de todo. 

Paré en Sant Quirze por primera vez. Después de tantos años pasando un mínimo de dos veces al día por allí descubrí lo que hay al otro lado. Y mientras esperaba a Merche estube hablando con Marta y preparando la sorpresa para Jordi. Y después el café con Merche, que aunque rápido y de pie, siempre es un momento agradable de compartir. 

Y llegué a Sabadell. Hacía mucho que no paseaba por allí. Han cambiado muchas tiendas de la Rambla pero sigue teniendo ese algo que la hace especial. Una ciudad gris, sin nada que la pueda hacer atractiva… ¿por qué me fascinará tanto? Después de tantos años ya dudo que algun día pueda encontrar la respuesta. 

Con las peques también me lo pasé genial. Y el festival de Marta fue increible. Sí, es un festival infantil, pero puedes llegar a emocinarte mucho. Además fue divertido y se notaba que se lo habían preparado bien y estaban todos muy nerviosos. A más de uno se le saltaron las lágrimas o la risa tonta que no podía contener. Qué lástima no poder detener el tiempo en momentos así.

Todo esto añadido a los nervios y la expectación del examen de conducir de mi hermano. Mira que no sacarselo a la primera… También Carmen y su San Antonio y la yaya y mis prisas porque se hacía tarde. Y muuucho rato esperando el autobús con ese niño de ojos oscuros y mirada perdida… Todo con música de Chambao de fondo, la banda sonora perfecta para llenar de luz ese día gris.

Lástima que al final me volviera a fallar el de siempre. Pero a estas alturas una ya está acostrumbrada y se toma las cosas con filosofía. Qué remedio…

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