Renfe más allá de Barcelona

Es cierto que ahora Renfe parece tener más problemas que nunca en Cataluña. El hecho de afectar a Rodalies ha conseguido movilizar a un gran número de personas (me acaban de enviar un mail de una plataforma por un servicio mejor, imaginaros). Y, para que mentir, nunca el servicio ha sido tan nefasto como ahora con líneas cortadas indefinidamente, socavones en varios tramos de unas obras que parecen no acabar nunca, retrasos… Pero Renfe ya traía problemas hace tiempo. Sí, aunque Barcelona a veces no lo recuerde, no es el centro del mundo y los servicios llegan más allá. Y hacia el norte, que es lo que yo conozco, los problemas y deficiencias vienen de muy atrás. Leí de alguien que se hace llamar periodista que en realidad los gerundenses sólo se quejaban por envidia, para llamar la atención porque se sentían inferiores. Pero señor, no es así. Nosotros tuvimos problemas mucho antes de que Rodalies se viera afectado. ¿Cuántas veces no ha pasado un tren de media distancia? ¿Cuántos retrasos habéis contado en vuestros viajes? ¿Cuánta horas interminables habéis parado en Sant Celoni o Maçanet? ¿Cuántas veces no habéis podido sentaros, habéis ido como ganado apretujado y encima teniendo que dejar paso al revisor que no se da cuenta de la situación?. Y lo que es peor, ¿cuántas explicaciones habéis recibido por todos esos problemas, averías y demás? Ninguna, seguro. O tal vez alguna de muy escasa. Y esto sigue pasando. Si no que le pregunten a los pasajeros del tren de las cuatro y media de la tarde del domingo 4 de noviembre. ¿Es que los señores de Renfe no hacen previsiones? ¿Qué no hacen previsiones como todas las empresas? Pero que digo, como servicio público ¿no debería estar más pendiente de lo que necesita el usuario?. Pues no. Ese día, domingo, fin de un puente de cuatro días y además con fiestas en Gerona a nadie se le ocurrió pensar que habría mucha más gente esperando el tren durante toda la tarde. Y nadie propuso poner más vagones o aumentar la frecuencia de los trenes. ¿Para qué? Que más da, si ninguno de esos ejecutivos-funcionarios va a viajar en ese tren, apilado o encajado como piezas de puzzle para conseguir que quepa más gente. O ninguno va a tener que esperar más de una hora en la estación de Caldes para que pase el siguiente tren porque no ha conseguido un hueco en el que esperaba. Sí, creo que se me ha escapado la vena revolucionaria, pero es que me parece indignante. Y ahora falta que, si algún día lo consiguen, acaben las obras del AVE en Barcelona y sigan hacia el norte. Ya veremos después que pasa.

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