Todo empieza cerca del final…

Muchas veces cuando alguien escribe una canción no es del todo consciente de su significado. Palabras, frases y música que se enlazan para crear historias. Pero ninguna tan cierta como la de Fito & Fitipaldis y su último disco. Después de toda una vida dedicados a la música ha sido ahora cuando han conseguido alcanzar el gran público, y así lo demostró este fin de semana en Barcelona. El que en principio debía ser un solo concierto se convirtió en dos consecutivos con lleno absoluto. Más de 20.000 personas la noche del viernes (y otras tantas la del sábado, pero de estas no fui testigo), coreando las canciones del grupo que saborea su mejor momento.
El concierto del viernes fue una gran fiesta. Empezó a calentar el ambiente Quique González. Aunque su actuación no fue recibida por todos por igual, consiguió levantar algún aplauso y sirvió como el mejor de los presentadores del “gran Fito Cabrales”. A las diez y media, muy puntual, entraron en escena Fito y los suyos con la canción que da nombre a su último disco, “Por la boca vive el pez”. No le hicieron falta ni dos notas para poner el Palau Sant Jordi en pie y mantenerlo así las más de dos horas y media que duró su actuación. Con dedicatorias a Catalunya, a su público y, sobretodo, a sus músicos, el concierto fue alternando canciones de ahora y de antes.
Aquí, un riff propio de los Stones rematado con un solo de saxo. Allá, una balada con crescendo épico subrayada por el coro de gargantas del Sant Jordi. Todo para dejar lucir a sus músicos que, todo hay que decirlo, se merecían ese protagonismo. En Cerca de las vías, Fito compartió foco y micro con (devolviendo así los piropos del principio) “el gran Quique González”. Hubo set acústico y las versiones de la noche fueron la habitual Deltoya (Extremoduro) y Quiero ser una estrella, de los Rebeldes, canción que aseguró le gustaba mucho tocar especialmente en Catalunya (no sé por qué será). Pero el momento más emotivo tubo lugar cuando cantó Soldadito Marinero. ¿Qué se debe sentir cuando tienes delante a 20.000 personas cantando tus canciones? Debe ser impresionante.
Al final la actuación del público decepcionó un poco. Tal vez era porque habían pasado más de dos horas y media de concierto, pero nadie reclamó un bis. Y eso que Fito & Fitipaldis no habían cantado todas las canciones de su último disco. Pero tal vez, las entradas y salidas del escenario ya se habían considerado aceptables y nadie se atrevió a pedirle más a su ídolo. Quizá, él también espere no agotar a su público y que, después de lo que le ha costado, éste siga apoyandolo como ahora en el futuro.


Personalmente, disfruté mucho, muchísimo del concierto. Primero porque iba con dos amigas a las que veo muy poco y con las que me hace ilusión compartir momentos así. Después porque allí me encontré con una pareja con la que también me hubiera gustado compartir más tiempo (no pudo ser… queda pendiente para el próximo concierto). Y también porque yo soy una de las que ha descubierto ahora a Fito, pero que ya conocía algunas de sus canciones, que, como siempre, recuerdan otros momentos. Cantar, saltar y emocionarse. Tres ingredientes que hacen de los directos un lugar muy especial en el que te puedes olvidar de todo lo demás… Un diez para los músicos, los del equipo de sonido e iluminación (por cierto, un montaje muy chulo) y para mis amigas, que se lo merecen.

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