Esto también es Barcelona

Hay una Barcelona que no sale en las guías. No tiene miradores, museos instagrameables ni restaurantes de brunch, pero sí esquinas llenas de vida. Es la Barcelona de los barrios, de una periferia a veces olvidada, pero con muchas historias que contar.

Mi primera propuesta de proyecto final para el curso de Fotografía Documental y Reportaje Audiovisual de la escuela DateCuenta quería seguir la estela de aquellas fotos de Jacques Leonard y su excepcional retrato de la vida gitana barcelonesa entre los años 50 y 70, o de Colita y su acercamiento a Carmen Amaya. Sin contactos y sin saber por dónde empezar, tiré de un par de hilos que no dieron resultado, pero que me han enseñado proyectos interesantísimos que espero un día poder conocer más de cerca. 

En todo este proceso, y buscando referentes actuales, llegué a las fotos de Jordi Oliver y su proyecto Alma Gitana, un trabajo increíble de más de 12 años de duración siguiendo a la comunidad gitana entre Andalucía y el Rajastán. Me cautivaron por completo. Y, a veces, las buenas casualidades existen y llegan en el momento oportuno: Oliver anunciaba unos talleres sobre Los barrios que os sobraban, recorriendo ocho barrios periféricos de Barcelona para acercar a fotógrafos aficionados a otras realidades de la ciudad. ¿Sabéis cuánto tiempo llevaba queriendo bajarme del bus cada vez que pasaba por La Mina para fotografiarla? No dudé ni un segundo en apuntarme.

El primero fue el 8 de marzo en La Mina: una experiencia increíble, con muchas sonrisas… y hasta una pedida de mano. Después vino Torre Baró, donde nos abrieron sus casas casi sin preguntarnos quiénes éramos. Luego, Sant Ildefons, que me recordó mucho a mi propio pueblo: un barrio donde la inmigración actual está ocupando el lugar de los antiguos emigrantes españoles, repitiendo una historia de lucha y búsqueda de una vida mejor. Y el cuarto fue San Roque.

Todos los barrios han sido especiales, cada uno a su manera y con sus propias anécdotas. Pero San Roque, en Badalona, quizá, lo ha sido aún más. Es un barrio construido durante la dictadura franquista para reubicar a los barraquistas de Montjuïc y el Somorrostro (aquellos que fotografió Léonard) y a los afectados por las riadas del Vallès de 1962. Desde entonces, ha vivido décadas marcadas por el estigma, el olvido institucional y una constante lucha por la dignidad.


Caminar por sus calles, hablar con su gente, mirar con calma… fue un golpe de realidad. San Roque recuerda que Barcelona y sus alrededores no son solo una postal turística, sino también estos otros lugares donde la vida resiste con fuerza, pese a las dificultades.

Estas imágenes no buscan idealizar ni juzgar, solo mostrar. Porque San Roque, como tantos otros barrios, también es Barcelona.

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